miércoles, 2 de febrero de 2011

Equilibrio renacentista en el soneto XXIII de Garcilaso de la Vega


  En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
 
  y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
 
  coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;
 
  marchitará la rosa el viento helado.
 Todo lo mudará la edad ligera
 por no hacer mudanza en su costumbre.                                

El famoso soneto XXIII de Garcilaso de la Vega es una muestra del arte renacentista italiano implantado en España. Una de las características más significativas es la oposición de fuerzas para llegar al equilibrio y a la mesura, a la contención y a la elegancia, típicas del Renacimiento. En el soneto, he subrayado los términos opuestos, es decir antónimos, cuya pugna logra un estatismo lleno de movimiento interior (esos sentimientos exaltados). Al mismo tiempo, en música se da el contrapunto.Una técnica en la que una melodía se escucha contra otra, y, simultáneamente, juegan, cada una en su notación distinta, para llegar a los acordes comunes. Si  escuchas la música de la pavana y atiendes a su danza tan sensualmente distante, la quietud está potencialmente cargada de una pasión que sabe contener el desbordamiento sentimental. No se altera la magnitud; se evita su descarga. El equilibrio se logra situando pasión y castidad, juventud y sosiego, quietud y dinamismo al borde mismo de una intensidad que las iguala en oposición y que las preserva en equilibrio, neutralizando su antagonismo.
Sentir hondamente sin gestos exagerados. Pasión que nace y se desborda en el interior mismo del individuo sin apariencia externa de ese terremoto interior...Seguro que a ti también te ha estallado una tormenta interior...como si no pasase nada...






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