martes, 17 de julio de 2012

Magritte o la esencia del no ser




  El estructuralismo es una actividad que juega a ser jugada sin intención premeditada. El lenguaje hace como que actúa solo, en una ilusión de sombras chinescas. Pero, como siempre, hay una mano sabia y oculta, que señala una nueva perspectiva.

   Juguemos, pues, ¿a lo(s) dado(s)?

   Cuando se señala que la pipa no es una pipa y se desliga la imagen de su pie, hay un empeño y una cabezonería del texto en persistir en su negación. Como si hubiera un más allá no dicho, pero que tiene que ver con lo que nos atañe.

   Como esas parejas que ya han terminado y se han dicho todo lo que tenían que decirse  y  persisten en ocasionales encuentros sexuales, como si estuvieran al margen de una narración esos abrazos tan explícitos; o en todas las interacciones y posibilidades, que se fuerzan para encontrar esa masa no nula,cuyo valor está por desentrañar, que determina la llamada partícula "divina" o bosón de Higgs ...

   El valor del no, la esencia de una posibilidad, la realidad de lo invisible...

   Duermo a destiempos y me siento arropada por mujeres que no son y que me hablan de otro modo en una complicidad nueva y distinta: hace ya trece años de Lorrie Moore. Lessing vive en mi cabeza con su Diario de una buena vecina. Siri Hustvedt me ha cautivado con El verano sin hombres y me arrastra a Elegía para un americano. Alice Munro me espera en la sombra de una alacena con El amor de una mujer generosa y Demasiada felicidad.
  
   Estas mujeres son tan no mujeres, que sus silencios estruendosos me llegan de una manera sutil y firme.
  Como un anhelo con el que se cuenta.En persistente ausencia.

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