domingo, 22 de mayo de 2011

Sol: tácita política




   Cada vez que una catástrofe natural reivindica su espacio natural al hombre, que se encarga de amordazarla, recordamos la fuerza de lo obvio, del cauce natural, del acuífero rebelde...recordamos que el progreso, la civilización, el conocimiento es lo otro, algo ajeno que no pertenece al orden natural y que pretende engullirlo y, a veces, ocultarlo...

   Pero, al final, la vereda verdadera gana a la autopista atroz y el cauce, a la urbanización...


   De la misma manera, parece que sea política lo institucionalmente erigido: la papeleta, la urna, el escaño, el coche oficial, el día, el micrófono... y se olvida que política es la actitud, el movimiento natural de una persona que, en el seno social, piensa y se mueve.Se inquieta y elige. Como el acuífero, el ciudadano puede moverse dentro de un cauce no previsto, salirse de la traza y comportarse políticamente con el otro.

   Por ejemplo, política es la actitud de decir por favor y gracias al otro y sentar tácitamente unas bases de cooperación. Puede ceder un asiento a un otro que lo necesite más y se está practicando una política social desde detalles mínimos...Y, así, sucesivamente...

   Se olvida estos días que los políticos han llenado la Puerta del Sol, pues son /somos todas las personas que nos hemos movido tácitamente, como ciudadanos, para expresar una inquietud no recogida ni sospechada en los programas políticos ortopédicos, que se pretenden configurar como vigentes...

   Y se olvida que lo natural tiene una fuerza sobrecogedora. Que las tics, algo que en principio podía parecer satánico y artificial, promueven todos los días la comunicación, la colaboración, la generosidad, la organización, la gratuidad y que, de pronto...se vuelve a una fraternidad olvidada, tras una solidaridad sobada por partidos, que, en su día, fueron sociales y que, hoy, recogen el origen mismo de sus ideas como una bofetada de lluvia pertinaz... que limpia y refresca las atmósferas contaminadas...

   Fue emocionante estar a las doce de la noche del viernes al sábado en Sol y que la charla colectiva se calmara cuando las manos tácitas se levantaran enseñando al mundo un "mira cómo tiemblo" y, a la vez, se pedían unas a otras silencio y atención. Se silenciaron los corazones y dieron las doce en el ágora: aplausos y una enorme satisfacción que se comunicaba en las miradas libres y alegres.

   Por sentirse parte de un orden natural que se reinicia con el camino original de la persona: moverse, elegir y ser, al estar en el lugar que le apetece, sin contradecir ninguna ley.

   Y por sentirse parte de un orden social, que puede cambiar un estatus establecido por el propio ciudadano y que éste mismo puede mudar, si tiene voluntad, libertad y alegría en su mente y en su corazón...

   Mientras tanto, hay quienes esperan que para dar un paso, se haga con violencia para denunciar el progreso, pero, hoy...la comunidad tiene otras herramientas cotidianas que cliquean por un mundo mejor, limpio y más fraterno.

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