jueves, 12 de septiembre de 2013

Después del terremoto, Haruki Murakami


A Lourdes, profesora de Historia que se dejó el corazón este verano en Lima. In memoriam.



  De nuevo, dedicaremos una entrada a este escritor fascinante y sutil, que se acerca a esos silencios inabordables de toda vida humana.

   Es sorprendente que, a pesar de que las grandes catástrofes sean hechos constitutivos de realidad atroz, hay algo en ellos huidizo, como si la verdad por sí misma se despeñase de toda contención. Los seis relatos que sustentan el libro tienen como eje común la noticia del terremoto sucedido en Kobe en 1995, que se cobró cinco mil vidas.

   Esta barbaridad inasumible e imprevista, da pie para distintos fragmentos de vida de los personajes sucesivos. Porque cinco mil vidas con sus sentimientos y proyectos vitales son inabarcables, y en ese anonimato del horror, tan sólo se puede aventurar la descripción de una vida precipitándose, para darse cuenta de la densidad de desolación que cabe en el alma humana.

   Otra nota común a los seis relatos es la existencia de la concepción del dolor, como un estado que suma a los personajes en una incertidumbre rayana en la pesadilla, el coma, el olvido, que toman forma en la escena de su abandono en el lecho al final de cada relato. Como bálsamo a sus afanes o como resguardo de crisálida dejando entrever un esperanzador "mañana".


   Tal es el caso de las vidas truncadas del marido abandonado por una esposa, que, tras la contemplación de la noticia del terremoto, decide cambiar su estado porque "no hay nada de ti que me llene". El marido tendrá que digerir esa irrupción en su tranquila rutina en "Un ovni aterriza en Kushiro" y el relato acabará dejándole dormido en un punto de tránsito: la habitación de un hotel.

   "Paisaje con plancha" es un metarrelato en el que una adolescente perdida, Junko, decide dejarse morir junto al señor Miyake, perdedor, que puede entender el sinsentido de su vida. El arte dentro del arte, no sólo viene dado porque el señor Miyake sea pintor y pueda captar esa fina línea del vacío, sino por la referencia a la obra de Jack London, Encender un fuego , como el que ambos encienden en la playa para extinguirse conjuntamente. La épica de la inacción o la convivencia del ser que se afana por vivir, siendo consciente de la pereza que pueda dar tal insistencia, queda resumido muy bien en "un hombre fundamentalmente desea morir, pero, al tiempo, comprende que debe luchar desesperadamente en contra de ello".

   En "Todos los hijos de Dios bailan", otro joven desarraigado es el que decide seguir a su supuesto progenitor, no conformándose con ser hijo de Dios, como su madre le ha contado. La vida increíble que puede ahormar la religión o cualquier suerte de explicación que escapa a la normalidad, no por ello carece de rutina. En su búsqueda vital, no faltará la soledad, la oscuridad y la posterior revelación, que, en absoluto se ofrecerá como consuelo.

   "Tailandia" es mi relato preferido. El de una mujer japonesa, que, tras divorciarse de su marido americano, decide volver a sus raíces, aun cuando el hecho de no haber podido ser madre y de culpar a alguien concreto, la tiene suspensa en un estado de angustia tranquila como una segunda piel. Decidirá pasar unos días en un hotel de Tailandia leyendo y nadando, en un estado anestesiado por la presencia de Nimit, un asesor que, no sólo cuidará de que nada material le falte, sino que le hará posible cierto reconocimiento de su dolor, por medio de una especie de adivina, para poder liberar "su piedra interior". Escuchando "I´ll remember April", se quedará dormida en el avión preparándose, quizá inconscientemente, para darse la paz.

   La estructura onírica de "Rana salva a Tokio" con personajes constituídos por animales gigantescos, alegorías del Bien y del Mal (Rana y Gusano) en la mente de un bancario en coma, no hace menos creíble esa lucha a muerte que el sujeto emprende consigo mismo.Este relato posee la fuerza de lo increíble como respuesta certera a algo más increíble todavía, ese terremoto, ese movimiento de lo firme, seguro y estable.

   Por último, en "La torta de miel", Junpei termina acostado junto a su enamorada de toda la vida, Sayoko y Sara, la hija de ésta, dispuesto a atreverse "mañana mismo" a casarse por fin con ella y consolidar una familia a la que no se ha atrevido en su vida. Lo escalofriante del relato es que no parece quedar claro si están vivos o muertos, de tal manera que la valentía reunida por Junpei sea un deseo imposible.

   La ausencia de ruido, el dolor atisbado, la pena estancada, en suma, lo tácito, es lo común a una líneas magistrales cuya esencia podrían muy bien ser las que siguen:

Comprendo muy bien cuáles son sus sentimientos, pero éstos, una vez se traducen en palabras, se convierten en mentiras.

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