viernes, 27 de mayo de 2011

Midnight in Paris

La última de Woody Allen es una comedia grata, a caballo entre el cuento y la ensoñación, para, como es obvio en el arte, poder valorar mejor la rutina de la vida.

Gil es un joven que prepara su boda con su prometida y sus futuros suegros americanos. Al parecer, el matrimonio está destinado a ser una sociedad limitada  generadora de redes sociales con otros matrimonios para acudir a eventos o presumir de vinos, especialidades diversas y consumistas o comprar mobiliario más o menos chic. El novio describe a su futura mujer como sexy o atractiva, pero olvida el ingrediente principal que debe contener toda relación de pareja: el amor, componente mágico, que aparecerá como concepto clave por otros derroteros.

El protagonista es, además, un escritor que quiere serlo y que , según esto, sigue valorando actitudes absurdas en un mundo consumista como pasear por mercadillos, comprar discos viejos de canciones de amor, caminar bajo la lluvia (atención al guiño a la famosa película Cantando bajo la lluvia)…
   Por otra parte, es consustancial a un creador esa naturaleza reflexiva, penetrante, observadora y callada, que aquí se subraya con ritmos musicales de jazz.    Justamente, esos momentos de soledad son los que cobran protagonismo en un presente de presencias anodinas...

   Como en La Cenicienta, el milagro se produce a medianoche y la carroza aparece convertida en coche-taxi de los felices años 20. En vez de al baile, el escritor acudirá a reuniones donde frecuentará a la cosmopolita y fusionada sociedad americana y europea de la época: el matrimonio de escritores Fitzgerald, Hemingway, cuya topicidad raya la genialidad y que le da las claves de su existencia (¿no es acaso esa la misión de la Literatura? ´), Dalí, Picasso, Buñuel…Al fin, un mundo surrealista que nos trajo otra dimensión de la realidad: el sueño, la fantasía, el absurdo, el inconsciente…en el que aparece Adriana, musa de Picasso y de tantos artistas, que ofrece a nuestro protagonista la certeza de una sacudida física y emocional: la atracción, la pasión, la belleza, la sensualidad…esos valores que no se encuentran en su novia de la vida real, que se va desdibujando y pierde interés en beneficio de unas noches irreales, que son más vividas por sentidas.

   Pero si la idea medieval o romántica de que “cualquier pasado fue mejor” es el lema que lleva a nuestro escritor a sus añorados ´20, es muy interesante el relativismo de esta opción. La época preferida de Adriana es La Bélle Époque a donde viaja con nuestro escritor y, al decidir quedarse allí, renuncia a un amor fuera del tiempo y del espacio. Lo interesante de esta opción es que cada personaje, en su época, no es consciente del significado de su momento y tiene idealizados otros pasados…Es como aquello de que “los clásicos no sabían que lo eran”. Evidentemente, porque esto es una catalogación posterior.
Esta renuncia y este rechazo en el mundo de la fantasía que le propicia el arte, le hace resolver su vida real: no encuentra emoción ni belleza ni amor. Tan sólo formas diversas de materialismo: consumismo, infidelidad, prosaísmo e intereses económicos como relaciones de pseudoamistad. Rechaza, pues, su vida americana y su inmediata boda, rompiendo su compromiso y deciendo quedarse a vivir en el sitio que le gusta: París.

La lluvia, que todo lo limpia, le trae un rostro fresco y conocido: una vendedora de discos viejos del mercadillo, que se acuerda de él. Al sentir ese pellizco que le lleva a invitarla a un café o acompañarla a…donde sea…el espectador, con una sonrisa, se complace en lo nuclear del amor: ese estremecimiento, esa emoción elemental al encontrarse con la persona amada en los momentos pequeños y en los espacios más triviales…

El cuento termina felizmente. El amor es eso…y no lo otro…

Contra lo que se pudiera pensar, conviene recordarlo por la presencia tan abundante de relaciones grises. Merece la pena apostar. Los sueños se pueden hacer realidad.

6 comentarios:

  1. Ayer fui a ver la película y me gustó mucho, salí con una gran sonrisa.
    Me quedo con la interpretación de Dalí y esas escenas iniciales de París, ciudad de la luz y... del amor!!

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  2. Ayer precisamente vi la película. Tu comentario es muy acertado. Vuelve el Woody Allen de “La rosa púrpura de El Cairo”. El sueño, la fantasía, la poesía y el romanticismo. La película no defrauda. Es como una caricia, un soplo de vida. No es el gran Woody de “Match point”, obra maestra. Pero a un director que hace una película al año no hay que exigirle siempre un diez. Sobre todo si nos tiene acostumbrados a notables. Ésta es un notable alto. Es extraordinario el talento de Allen para introducir grandes temas, con verdadero calado filosófico, en diálogos y escenas que parecen triviales. Allen es Bergman, pero con mucha ironía. Y huyendo de toda solemnidad.
    En definitiva, una buena película.

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  3. ¡Qué tremendos están los surrealistas!
    Como nuestros esperpentos, Fran, sirven para ver la realidad mejoooooorrrr.

    Un besazo

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  4. La ironía, Jesús, tan querida por los filósofos para mostrar caminos con otro talante, con otra meta, de otro modo...
    Realmente, esta película es pensamiento puro en clave de humor a través del espacio y del tiempo, de lo consciente e inconsciente para interpretarnos mejor.
    ¡Gana el homo ludens! ;)
    Besote.

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  5. Me parece interesante la burla que se hace al "paletismo" de los nuevos ricos estadounidenses, a la vez que a la idealización de un París en el que todos sus personajes relevantes no son franceses... Un París "americanizado" es en realidad el París ideal de nuestro amigo Gil. Finalmente se queda con la francesita vendedora de los discos antiguos de Porter, final que no le redime, le sigue haciendo parecer un poco idiota... pero entrañable. De cualquier forma, la película es deliciosa. Un beso para una de mis cinéfilas favoritas.

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  6. Es que hay un poco de musicales como "Cantando bajo la lluvia" o la mismísima "Un americano en París" de la que parece un poco "inspiración"...

    Por otra parte, querida Afri, ¿quién que esté enamorado o con ganas de estarlo, no parece un poco idiota? Esto mismo se dice del "iluso", que es el que tiene ilusión por algo...

    Esa "falta", esa candidez...es, a mis ojos, un estado superior.

    Gracias, África, bloguera amiga.Un beso.

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