jueves, 23 de febrero de 2012

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr.


Cuando se lee, se entra en un mundo absolutamente autónomo y personal, aunque lo escrito sea de dominio público. La recepción es intrasferible. Algo así ocurre con el esfuerzo y la voluntad. A mí, que me apasiona el ejercicio físico, tengo que confesar que correr me supone un esfuerzo mental tremendo. Y no es correr en sí, para lo que tengo capacidad, sino que me cansa la idea de que tengo que correr, hecho que no me pasa con otras prácticas deportivas. De ahí, que me interesara por el libro de Murakami, auténtica épica, pues narra/describe la lucha de un hombre con su interior. Ahí es nada.
Todos los que frecuentamos parques y jardines asistimos al hermoso espectáculo de ver cuerpos en acción y movimiento. Los corredores corren. Aparente obviedad.  Eso es lo que se ve, pero Murakami escritor refleja lo que Murakami corredor sufre,  porque quiere en su sentido volitivo (el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional). Esta es la descripción de las posibles motivaciones que un corredor puede tener: su yo, su superación personal, su victoria íntima, en forma de intentarlo, intentarlo, intentarlo...Allí donde no llega el cielo despejado, que anima, los cantos de los pájaros ,que alegran en los primeros metros, las coletas femeninas de otras corredoras, allí donde el agotamiento se hace sudor frío, calambres , llega el autocontrol, y llega el no pensamiento: último reducto de la voluntad.

El corredor primero tiene que querer correr, luego ponerse a ello, adquirir hábito, vencer  la pereza, controlar respiración, distancia y tiempo. Elegir entre ambas magnitudes y sentirse uno entre otros corredores en forma de carreras populares y maratones. El corredor siempre está solo: no se gana ni se pierde, se corre entre otros, pero se esfuerza uno solo todo el tiempo, nadie quita nada a nadie y sólo el yo se reconoce en lo querido, lo hecho, lo superado, lo fallado...Ser uno mismo hacia adentro sin posibilidad de trampa (maravilloso)...

Vivir para correr y marcarse ritmos vitales (pues son de respiración y zapatilla) como una música de inmimente caída, de inesperada derrota, el runner´s blue que acompaña como tristeza estoica la pisada de gacela, fruto de muchas jornadas de vencerse a uno mismo, para vencer entre todos. Desarrollarse en torno al cuerpo otorgado de manera natural y sentirlo en su posibilidad, en su capacidad, en su plenitud y en su pérdida de potencialidad, cuando ya se va perdiendo fuerza, agilidad y velocidad. Conocer el mundo a través de uno mismo y aceptar(se) la pérdida desde la inevitable verdad de lo que uno sabe desde dentro: conciencia a base de pensamientos inconexos. Si alguien quiere leer sobre autoconfianza frente a arrogancia, sobre sencillez ante una consuetudinaria derrota, sobre limitaciones y proyectos truncados, a pesar de los afanes durísimos de cada entrenamiento, que lea esta novela de héroe solitario con dorsal. 

Absoluta trayectoria ética de la que dejo unas líneas como testimonio:

 Lo que más feliz me hizo fue haber podido disfrutar honestamente, en lo más profundo de mí mismo, de la carrera. Mi tiempo no fue como para presumir delante de los demás. Y cometí un montón de pequeños fallos. Pero, a mi manera, lo di todo, y los efectos de esta entrega permanecen, siquiera tenuemente, en mi interior.Además, creo que, gracias a esta carrera, he conseguido mejorar en algunos aspectos.

Murakami no es madrileño. Pero no por ello, deja de hablar de la cerveza fresquísima del final. Inevitable fatum y recompensa total.

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